Mi?rcoles, 07 de abril de 2010
Hace ya unos días, se me habló de un programa documental de La Uno, no recuerdo si era Comando Actualidad o Repor, en la que se preguntaba a unos jóvenes acerca de lo que querían ser de mayor. Las respuestas fueron de lo más variopinto: desde torero a futbolista pasando por cantante. Ni uno solo hubo que aspirase a desempeñar un cargo que conllevase el estudio de una carrera como abogado, profesor, etc. Miento. Sólo hubo uno que adujo que quería ser policía que es un puesto que, como sabemos, exige, aparte de las pertinentes pruebas físicas, el ponerse a hincar los codos. Al serle preguntado por los motivos, este joven señaló que era debido a que el policía de su padre no trabajaba nada. Saquen sus propias conclusiones.   

Lo peor de este episodio es la lección extraída del mismo. La juventud de hoy en día aspira a profesiones que no conlleven esfuerzo previo de "hincar los codos". Le tienen auténtica "tirria" a la palabra estudiar. Poco les importa, así, abandonar los estudios para pasar a formar parte, por ejemplo, de esa mole aborregada deseosa de pasar los castings de un programa tan vomitivo y representativo de la "telebasura" como es el Gran Hermano de Telecinco y poder vivir del cuento como ese "monstruo" creado por la cadena de Fuencarral llamado Belén Esteban. Otra muestra representativa de este desapego a los estudios la ofreció El Intermedio de LA SEXTA en el programa del martes 6 de Abril. En uno de sus reportajes se preguntaba a algunos de los miembros de la multitud que iba a asistir al concierto que los Tokio Hotel iban a ofrecer en el Palacio de los Deportes madrileño si entre la terna que se les mostraba (compuesta por los dictadores Pinochet, Pol Pot y nuestro Francisco Franco) podían distinguir al dictador gallego. El resultado no pudo ser más descorazonador: muchos señalaron que tal era Pinochet. Ítem más: a la pregunta de cuántas elecciones ganó Franco, muchos no supieron qué responder, por no señalar lo que una dijo: "No sé, ¡pués SEIS!". 

No hay que ser muy listo para deducir lo que de todo ello resulta: una juventud enorme y preocupantemente analfabeta. De todo este desastroso estado de cosas somos todos responsables, sobre todo, los padres que permiten que sus hijos se atonten con la música de, por ejemplo, Tokio Hotel o con la abominable telebasura de Gran Hermano y similares.  

Tags: Telebasura, Tokio Hotel, El Intermedio, Gran Hermano

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